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14 de abril del 2021

Economía

Una venta absurda

  Vender Punta Catalina a inversionistas privados tendría las siguientes tres repercusiones negativas principales: Primero, subiría sustancialmente el precio de venta de la energía que produzcan sus dos plantas. Es obvio que los dueños cargarán al precio de la energía un extra para recuperar esa inversión en un plazo máximo de 30 años y obtener […]




  Vender Punta Catalina a inversionistas privados tendría las siguientes tres repercusiones negativas principales: Primero, subiría sustancialmente el precio de venta de la energía que produzcan sus dos plantas. Es obvio que los dueños cargarán al precio de la energía un extra para recuperar esa inversión en un plazo máximo de 30 años y obtener un adecuado beneficio neto. Los cálculos indican que en manos privadas la energía sería vendida entre 10 y 11 centavos de dólares por kilovatio hora. Si la central permanece en manos del Estado el precio de la energía sería mucho menor, porque ya el Estado pagó de sus fondos casi el 70% la inversión durante la construcción de Catalina y el restante 30% fue adquirido en deudas de apenas 5% de interés anual, deudas integradas a la deuda pública del Estado desde hace años. Entonces, en manos del Estado, la amortización sería menor y se calcularía para un periodo mínimo de 40 años debido a que la vida útil de plantas de carbón se extiende hasta 50 años. En ese contexto, el precio calculado de la energía de Catalina en contrato seria de no más de 8 centavos de dólares. Como Catalina producirá 5 mil millones de kilovatio horas al año, a 8 centavos las distribuidoras pagarían cada año por esa energía unos 400 millones de dólares. Actualmente, las distribuidoras están comprando esos 5 mil millones de kilovatio hora a un precio medio de 13 centavos de dólares, para una factura anual de 650 millones. En n manos del Estado las distribuidoras se ahorrarían 250 millones mínimo. Segundo, la venta de Catalina basada en un contrato de 30 años entre las empresas distribuidoras y la nueva empresa en manos privadas obligaría al Estado a pagar energía a precio casi fijo y elevado durante tres décadas. Tercero, en manos del Estado la posibilidad de algún día convertir Punta Catalina a gas natural es mayor puesto que como el privado tendrá garantizado por tres décadas el pago de una tarifa, no tendrá estímulo para hacer esa costosa conversión hasta que no finalice su contrato.

Por:

Antonio Almonte

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