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16 de abril del 2021

Opinión

¡Vanidosos!

Yo estudié en escuela pública. No por vanidad; obligado por pobreza. Pero mis hijos han tenido mejor suerte: han estudiado en colegios privados, no por vanidosos, sino porque la inversión en Educación apenas llegaba al dos por ciento del Producto Interno Bruto. Luego se hicieron profesionales en universidades privadas, no por vanidados, sino porque en […]




Yo estudié en escuela pública. No por vanidad; obligado por pobreza. Pero mis hijos han tenido mejor suerte: han estudiado en colegios privados, no por vanidosos, sino porque la inversión en Educación apenas llegaba al dos por ciento del Producto Interno Bruto. Luego se hicieron profesionales en universidades privadas, no por vanidados, sino porque en la Universidad Autónoma de Santo Domingo corrían el riesgo de ser asesinados, atracados y violados. Y porque una carrera de cuatro años se hace en cinco o seis, por las huelgas profesorales, de empleados, protestas estudiantiles, enfrentamiento con la policía que obligan a suspender la docencia por días. La Universidad Autónoma no recibe el presupuesto anual que la ley ordena lo que impide que ese centro de estudios, cada vez más anarquizado y caótico, no cumpla con el rol que está llamado a jugar en la sociedad formando profesionales de alta calidad en todas las áreas del conocimiento humano, poniéndose al nivel de las demás, tanto de la región del mundo al ser “La Primada de América”. Danilo estudió en la UASD, sin terminar la carrera de ingeniería química, no por vanidoso, sino por falta de recursos. (Pertenecía entonces a la clase media muy baja como muchos de sus compañeros de partido hoy dueños del país) Yo, al igual que mis hermanos (40 mal contados) acudimos durante años a los hospitales públicos. Algunos murieron por falta de atención médica adecuada. La vanidad no existía en esos años 70 y 80. Ir a un hospital público es enterrarse vivo. Cuando el presidente Medina padecía de “raquiña”, como le llama el pueblo a la dermatitis, no se fue a un hospital público, iba a las clínicas privadas y costosas con médicos que no aceptan seguro. Luego viajó a Estados Unidos, porque él, al igual que sus funcionarios, tiene seguro médico internacional millonarios que cubren a toda la familia, incluso en enfermedades catastróficas. A juzgar por las palabras del residente, este es un gobierno de “vanidosos”. Incluso él. Un decreto presidencial o una ley debe obligar a todos los funcionarios, incluyendo diputados y senadores, alcaldes y regidores, jueces y fiscales, coroneles y generales, cónsules y embajadores, junto con sus esposas e hijos, a tratar sus enfermedades en los centros de salud del Estado, que al parecer están al mismo nivel que los de Estados Unidos donde todos ellos acuden hasta por un dolor de cabeza o un resfriado. Me gustaría verlos en el Moscoso Puello, por ejemplo. Doctores de altísimo nivel profesional como José Joaquín Puello y Jesús Feris Iglesias, para solo citar dos, junto con el Colegio Médico, han dicho que “el sistema de salud dominicano colapsó”. El gobierno invierte menos del 2% del PIB en Salud a pesar que los médicos y organismos internacionales dicen que debe ser, mínimo, un 5%. JUAN TH.

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