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06 de mayo del 2021

Opinión

Voces de la democracia

Ricky Noboa. En la democracia, las voces del pueblo son las voces que dan legitimidad a los partidos políticos del sistema.  En el sistema democrático vulnerado los partidos solo defienden sus propios intereses, faltándoles al deber supremo de gobernar para todos y por todos. Esto no se cumple cuando la política solo representa la forma […]




Ricky Noboa.
En la democracia, las voces del pueblo son las voces que dan legitimidad a los partidos políticos del sistema.  En el sistema democrático vulnerado los partidos solo defienden sus propios intereses, faltándoles al deber supremo de gobernar para todos y por todos. Esto no se cumple cuando la política solo representa la forma de lucrarse y no de servir. El juego de gobernar y hacer oposición es la simbiosis perfecta de los políticos para hacer de su práctica un proceso que desemboque en la llamada gobernabilidad, que es una indigna complicidad que se solventa de grandes recursos que para mantener el sistema de partidos, se nutren del presupuesto de la nación que todos solventamos con el sacrificio del tributo a que estamos abocados a pagar a través de los impuestos, recursos que lamentablemente se reparten de manera desigual y discriminatoria dentro de sus afiliados y no entre los ciudadanos que los aportan con el esfuerzo de su trabajo, hacedor del patrimonio de todos, y los destinan a resolver las necesidades sectarias, en lugar de los derechos que nos corresponden por ley.  La fiscalización solo se ejerce como un mecanismo de extorsionar a los que disienten de los procesos dolosos que se fortalecen bajo la lupa de la impunidad.  En consecuencia, el descreimiento nos ha llevado a pensar que la democracia no ha garantizado un sistema de derecho donde la administración de justicia sea la más digna expresión de equidad social. Las voces de la democracia siempre exclamarán y exigirán equidad, transparencia y sobre todo, justicia social, para el más importante o simple ciudadano del pueblo. Mi exhortación a todos los conciudadanos es que marchemos unidos por nuestros derechos, empoderándonos para la conquista de una efectiva seguridad ciudadana, educación sin discriminación, y, sobre todo, que nuestras necesidades básicas sean resueltas con el empleo hacedor del pan de la dignidad. De esta manera, no seremos el escudo del opresor de las libertades públicas en el sistema democrático, sino el orgullo de una juventud formada en principios y con la capacidad de vencer a los que no respetan la ley ni a los hombres. Marchemos pues con la fuerza de nuestras ideas y convicciones.

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