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11 de abril del 2021

Opinión

Y ese es el PRM

Orlando Gil. orlandogil@claro.net.do. INTENTO FALLIDO.- El intento fue vano, y como intento se queda: No fueron 21 de 23 los alcaldes que votaron por Johnny Jones a la secretaría general de la Liga Municipal Dominicana. Que solo asistieron 9, y de esos solo 7 apoyaron al candidato reformista. La intención fue recoger la vergu¨enza propia, […]




Orlando Gil.
orlandogil@claro.net.do.
INTENTO FALLIDO.- El intento fue vano, y como intento se queda: No fueron 21 de 23 los alcaldes que votaron por Johnny Jones a la secretaría general de la Liga Municipal Dominicana. Que solo asistieron 9, y de esos solo 7 apoyaron al candidato reformista. La intención fue recoger la vergu¨enza propia, reducir –un poco– la indisciplina. Sin embargo, el efecto es el mismo. Con uno solo que hubiera ido y sufragado. La cuestión es que el PRM bajó una línea y esa línea fue ignorada y no debe olvidarse el hecho capital. Si en algún lugar el partido Moderno tiene poder, es en determinados municipios. Y ni ahí, diría alguien de la calle. Los alcaldes, la cantidad que fuera, hicieron quedar mal a la dirección del PRM, que toma decisiones sin consultar, sin averiguar o crear consenso con los interesados o titulares de posiciones. ¿Cuándo discutió y aprobó la cúpula del PRM mantenerse al margen de la LMD? Muy cercano a la fecha de escogencia, aun cuando los rumores, los chismes y las posibilidades llevaban meses sobre el tapete. Era justo, o lógico o normal que los aspirantes a la secretaría general buscaran el lado de los oposicionistas… LLEGÓ TARDE.- La experiencia lleva a pensar que cuando la dirección del PRM decidió bajar línea, ya existían compromisos firmes y difíciles de romper o desconocer.
Dicen que hubo, y sí hubo, con más razón. Aunque ese no sea el punto principal. La elección en la Liga Municipal Dominicana era un asunto de alcaldes, y no tiene sentido que los alcaldes sean ajenos a situaciones que se originan en su jurisdicción y que puedan afectar su desempeño. Puede hablarse de indisciplina de parte de los alcaldes, pero igual de autoritarismo en lo que concierne al partido. Si se sabía que los alcaldes no iban a acatar la orientación ¿a qué someterlo a una camisa de fuerza que ahogaba su arbitrio? O visto desde la otra esquina. Si los advertían inclinados hacia el oficialismo, y existían contradicciones entre este y uno de sus aliados ¿por qué no meter cuña? Apoyar al candidato del PRD era una opción, aunque fuera una estrategia perversa. Sin embargo, los perdió el odio. La dirección del PRM no quiere ver ni en pintura nada que se parezca a PRD… CAMBIAR POLÍTICA.- El detalle es interesante, y la dirección del partido Moderno deberá ser más cuidadosa, conocer mejor a su gente y fijarse en el contexto en que toma sus decisiones. No puede fundarse un partido sin subordinación, pero tampoco provocando situaciones de agravio interno. La política de quedarse fuera de órganos importantes no aprovecha, y menos la de confrontar en vez de concertar. La experiencia de agosto, con la elección en las salas capitulares, debió ser suficiente. Se renegó de un consenso que era admirable, maravilloso, y que respetaba el poder de cada cual en los municipios. Nunca se hizo una evaluación, que se sepa, y todavía no se tiene, a nivel público, un balance claro de lo sucedido. La idea no era ser independiente, sino oposición, sin darse cuenta de que la oposición es verdadera o fuerte cuando el Gobierno no puede hacer nada sin su concurso o participación. La oposición no legaliza, ni legitima, pero sí provee gobernabilidad. Una democracia de consenso, siempre será mejor que una de confrontación…
TAMBIÉN PODER.- En la Liga Municipal Dominicana se reparten porcentajes, pero igual empleos, y es un ente de poder, ya que de no serlo, los partidos o sus dirigentes no se interesarán en dirigirla. El PRM, al no negociar como partido, queda fuera, y no tendrá influencias, como pudo tenerlas si hubiera hecho los arreglos de lugar. Y ese es el PRM, el mismo que no tiene representante en la Junta Central Electoral, ni interés en que sus miembros vayan a la Cámara de Cuentas o al Tribunal Superior Electoral, instancias –todas– de importancia política y sumamente decisivas. El PRM espera ver el paso por el frente de la casa del cadáver del enemigo, sin ocuparse de saber dónde lo enterrarán ni pronunciar el antipanegírico. Nadie lo entiende, y de seguro será una genialidad política, la de ganar juegos sin uniformarse, o dando vueltas por las afueras del estadio. Al parecer se conforma con oír las incidencias por radio o verlas por televisión, o en el mejor de los casos abuchear desde las gradas las jugadas que no sean de su satisfacción. Así, no es solo que no va a la fiesta, sino que tampoco se hace el moño…

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